Andrés Garcia Cerdán
Íbamos por las calles
intentando escucharnos en mitad del escándalo,
pero no escuchábamos nada.
No había nada
que oír.
Palabras y palabras a nuestro alrededor,
un ruido atroz, como de cosas
rotas, que crujen
y se desgajan
y se hacen
añicos.
Paradójicamente, aquello era el silencio,
el silencio absoluto.
Lo real se colaba por el ruido
como se cuela el agua sucia
por el sumidero de las pilas de fregar.
Hablaba todo el mundo
de todo,
pero todo era silencio en todo.
Tanto bullicio para qué.
Ahorcada en los semáforos
moría la verdad,
esto es, todo lo que
tiene que ver con la belleza.
Ya no olían a nada los limones:
dónde su cristal amarillo,
el jugo de su hermoso ácido.
MENTIRAS, MENTIRAS
Íamos pelas ruas
tentando nos ouvir em
meio ao tumulto,
porém não ouvíamos nada.
Não havia nada
para ouvir.
Palavras e palavras ao
nosso redor,
um ruído atroz, como
coisas
quebradas, rangendo
e se despedaçando
e se estilhaçando
em pedaços.
Paradoxalmente, aquilo
era silêncio,
silêncio absoluto.
A realidade se infiltrava
pelo ruído
como água suja que
escorre
pelo ralo da pia.
Todos falavam
sobre tudo,
mas tudo era silêncio
dentro de tudo.
Tanto alvoroço para quê?
Paralisada no semáforo,
a verdade estava
morrendo,
isto é, tudo
relacionado à beleza.
Os limões não cheiravam
mais a nada:
onde estava seu vidro
amarelo,
o suco de seu belo ácido?
