Saturday, May 09, 2015

Poema dos dons

Poema de los dones                                                               

 Jorge Luis Borges

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

Poema dos dons

Ninguém reprove a lágrima ou a censura
Esta declaração de maestria
De Deus, que com magnífica ironia
Me deu, de uma vez, os livros e a noite.

Desta cidade de livros feitos donos
Uns olhos sem luz, somente podem
Ler nas bibliotecas dos sonhos
Os insensatos parágrafos que cedem

As albas em suas ânsias. Em vão o dia
Lhes prodigaliza seus livros infinitos,
Árduos como os árduos manuscritos
Que pereceram em Alexandria.

De fome e sede (narra uma história grega)
Morre um rei entre fontes e jardins,
Eu, fatigado, sem rumo, nos confins
Desta alta e profunda biblioteca cega.

Enciclopédias, atlas, o Oriente
E o Ocidente, séculos, dinastias,
Símbolos, cosmos e cosmogonias
Brindam os muros, porém, inutilmente.

Lenta na minha sombra, a penumbra oca
Exploro com o báculo indeciso,
Eu, que me afigurava o paraíso
Sob uma espécie de biblioteca.

Algo que, certamente, não se nomeia
Com a palavra azar, rege estas coisas;
Outro já recebo em outras embaçadas
Tardes os muitos livros e a sombra.

Ao errar pelas lentas galerias
Somente sinto com vago horror sagrado
Que sou outro, o morto, que haverá dado
Os mesmos passos nos mesmos dias.

Qual dos dois escreve este poema
De um eu plural e de uma só sombra?
Que importa  a palavra que me nomeia
Se é indivisível e uno o anátema?

Groussac ou Borges, olho este querido
Mundo que se deforma e que se apaga
Numa pálida cinza vaga
Que se parece ao sonho e ao esquecimento.


Ilustração: armontes.files.wordpress.com 

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